Mi experiencia en la cárcel de mujeres de Alcalá Meco

Escrito a las 12:24 pm

cárcel de mujeres

Mi agente literario y de conferencias Thinking Heads colabora con la ONG Solidarios para el Desarrollo en un proyecto en el que llevan conferenciantes y autores a las cárceles. Me pidieron participar y acepté encantado. Me ofrecieron varias opciones y elegí la cárcel de mujeres de Alcalá Meco. Alcalá porque es donde soy profesor y mujeres porque aunque son sólo un pequeño porcentaje de población reclusa, me atraían más sus historias y orientarlas en la reinserción.

Llegué pronto a la puerta de la cárcel y dejé el coche en el aparcamiento de visitas. Habían muchos familiares de presos esperando. Enseguida llegaron los voluntarios de Solidarios y, curiosidades de la vida, uno de ellos era hijo de un amigo de mi hermano del barrio de Fuencarral.

A la izquierda está la cárcel de hombres, un muro con módulos de hormigón como en las películas. Pero a la derecha, la cárcel de mujeres era como una residencia con fachada de ladrillo rojo con tejado de pizarra negra. Nos acreditamos y pasamos una doble puerta de seguridad, y la arquitectura era mucho más agradable, sin barrotes en las ventanas, con jardines y mucha luz. Las propias reclusas me lo dijeron.

La charla sería en el teatro y la anunciaban por megafonía. Le pedí al funcionario que dijera el título: ¿cómo encontrar trabajo al salir de la cárcel? Llevé ejemplares de mi último libro La Economía no da la felicidad para dejarlos en la biblioteca. Pero en su situación poco les interesa las compras del BCE, la política proteccionista de Trump o el ajuste adicional que le pide Bruselas al gobierno español.

En la cárcel de mujeres viví una experiencia que jamás podré olvidar

Hay unas 500 mujeres y suelen acudir unas 15 a estas charlas. Juntamos a más de 40, incluyendo la médico y enfermera y varias funcionarias que me conocían de la tele. En una conferencia es clave conectar con el público y para ello necesitas adaptar tu charla a sus expectativas. Fueron llegando, le di dos besos a cada una y les pregunté de dónde eran y cuánto tiempo les quedaba por salir. Algunas, sin que yo les preguntase, me contaron la causa de su condena. La mayoría eran inmigrantes.

Empecé de lo macro a lo micro y a su caso particular. La crisis ha sido brutal, la burbuja pinchó y se cometieron errores graves de política económica, especialmente el rescate y el ajuste brutal de 2012. Sin olvidar, evidentemente, que se ha destruido uno de cada cinco empleos de 2007. El entorno macro complica la búsqueda de empleo y es importante recordarlo para evitar caer en la sensación de fracaso personal que tienen la mayoría de desempleados.

Pero la política económica europea cambió en 2013 para bien. El BCE compra deuda, los tipos han bajado, el euro se ha depreciado y nos han dado más tiempo para hacer el ajuste fiscal. Eso permite crecer y la probabilidad de encontrar un empleo hoy es mayor que hace dos años, aunque sigue siendo menor que en 2007.

Lo importante es identificar sectores y empresas que demanden empleo. Buscar empleo en empresas que no están aumentando la plantilla es igual de frustrante que buscar agua en el desierto. Les dije que la hostelería aumenta el empleo el 8% anual y es un sector sencillo para que ellas puedan encontrar empleo.

Era importante aprender oficios en la cárcel y una de ellas dio testimonios muy útiles de éxito ya que había encontrado trabajo al salir gracias a los cursos que hizo en la cárcel. Lamentablemente, había vuelto  por condenas antiguas vinculadas con la heroína en su juventud, pero tenía una actitud tan pragmática y positiva que me impresionó.

Otras dos habían sido empresarias y estuvieron contando la importancia de la aptitud en la entrevista y luego en el puesto de trabajo. Las más experimentadas dijeron que la sociedad no cree en la reinserción y que era mejor no decir ni en el currículum, ni en la entrevista que habían estado en la cárcel. Incluso, explicaron cómo construir un relato creíble y coherente.

La charla duró hora y media y ha sido una gran experiencia que repetiré. El momento más duro fue cuando una de ellas nos dijo que vivía en la calle y que había cometido un delito para que la metieran presa y así tener una cama y comida. Era una chica muy bella y lloró, y este economista observador sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Al finalizar me despedí de ella, le apreté fuerte sus manos y le dije que necesitaba un trabajo para poder tener una cama y comer fuera de la cárcel, y también para recuperar la dignidad y la autoestima como persona. El llanto se borró de su cara y apareció un gesto de esperanza.

Desde niño me enseñaron a no ser indiferente con el sufrimiento humano y cada día soy más intolerante. Pero además de un acto solidario, también lo hice por interés propio. Nadie está libre de cometer un error y acabar en la cárcel. El presidente de la patronal está en la cárcel, el presidente de Baleares ha estado en la cárcel, la Pantoja ha estado en la cárcel. Pero si al salir esas mujeres no consiguen reinsertarse y un empleo, la probabilidad de volver a delinquir es muy elevada.

Por eso todos los demócratas que queremos una sociedad libre y segura en la que educar a nuestros hijos debemos creer en la reinserción. Es más fácil dejarnos llevar por el miedo y repudiar a todas las personas que han pasado por la cárcel, pero eso consigue una sociedad más insegura y con más criminalidad.

Por supuesto que todos debemos cumplir las leyes y respetar al resto de ciudadanos y la cárcel las debe vacunar para no volver a repetir el error. Pero el resto de ciudadanos debemos respetarlas como personas libres y darles una segunda oportunidad. La fábrica de Mahou cerca de la prisión les ofrece empleo y yo cada vez que me beba una, me acordaré de ellas.

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2 comentarios

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María del Pilar Andrade
15.11.2016 a las 02:01 Enlace Permanente

José Carlos, me ha emocionado tu artículo .Yo creí en la reinsercion ; desde segundo de carrera ( estudié Derecho), soy consciente del fin de la pena que, no es otro que la reinsercion; por eso no se admite en nuestra legislación ( la Constitución así lo garantiza) la cadena perpetua y mucho menos la pena de muerte. Además, por circunstancias, me he visto en la obligación moral de ayudar a un familiar al cual acojo en mi casa esta temporada a fin de que pueda encauzar su vida después de haber estado en prisión provisional este verano por un delito contra la salud pública. Es…, era consumidor y trapicheaba para pagarse su consumo pues lleva seis años en paro y sin ninguna ayuda. Se sentía tan desahuciado que se dejó llevar por el desánimo y cada vez se fue hundiendo más. No puedo hacer otra cosa que intentar ayudarle. Gracias por tu artículo

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IGNACIO AGUILAR
29.05.2017 a las 20:38 Enlace Permanente

Muy querido José Carlos,

Muy emocionante tu artículo sobre tu visita a la cárcel de mujeres de Alcalá Meco; me conmueve tu interés y sensibilidad ante este colectivo; yo tuve una experiencia muy gratificante e instructiva, trabajando como médico en el Centro Penitenciario de Aranjuez, y comparto la necesidad de la reinserción de estas personas; la formación la veo muy importante, motivando a presos, instituciones y sociedad.

Insisto, emocionante y conmovedor tu testimonio, me hace recordar aquella época con cariño y orgullo, y renovar mi fe en el ser humano.

Gracias de nuevo.

PD: Una lástima tu retirada del proyecto económico del Grupo Socialista, se pierden un gran referente; pero eso es otra historia.

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